Rio de Janeiro (RJ), 07/10/2026 – Los estudiantes vuelvern a las calles después de la primera vuelta. Foto: Fernando Frazão/Agência Brasil

Caio Teixeira – ComunicaSul

Todas las personas serias están tratando de explicar qué pasó el domingo 4 de octubre en Brasil. Voy a dar mi opinión también, sin pretensión de decir verdades, pero trayendo temas al debate.

La extrema derecha ganó el poder en Brasil, independientemente de la segunda vuelta. Tienen una bancada en el Senado que por sí sola, sin necesidad de alianzas, puede solicitar e instalar una CPI, garantizar presidente, relator y una mayoría amplísima en el pleno para aprobar cualquier informe. Es el camino institucional para un juicio político.

En el previsible presente me arriesgo a hacerme profeta. Con Lula reelecto, la derecha que es mayoritaria en el Congreso y en los estados comenzará con los juicios políticos en el STF para sacar a Moraes, Toffoli y Gilmar. Varios diputados y senadores del PL ya tienen pedidos formalizados con esta lista y los volverán a presentar el día de la instalación de las cámaras y de la elección de las mesas directivas. Los procesos correrán velozmente. Quien tiene mayoría la usa y no se los puede recriminar simplemente por eso. Los medios ya están normalizando la elección del Bolsonaro de turno. Él ya está distribuyendo ministerios. El mercado financiero reaccionó positivamente. Son las noticias.

¿Por qué nosotros no conquistamos la mayoría?

Tenemos que pensar por qué no tenemos esa mayoría y, si me permiten, para intentar entender voy a recordar al pasar nuestra historia reciente.

Hugo Chávez, en Venezuela, en 1999; Evo Morales, en Bolivia, en 2005; y Rafael Correa, en Ecuador, en 2006, como primera gran acción política, convocaron asambleas nacionales constituyentes populares y soberanas. Luego, renunciando a la cómoda mayoría recién conquistada, eligieron mayoría en la Constituyente y aprobaron constituciones ejemplares, avanzadísimas, con reglas que profundizaban la democracia y la representatividad popular en los órganos de poder, incluso convocando elecciones generales bajo esas nuevas reglas. Los tres se sometieron nuevamente al voto popular, se eligieron de nuevo con amplia mayoría en las dos cámaras para continuar los cambios previstos en las cartas recién nacidas. La historia solo se escribió de esa forma porque los movimientos populares liderados por los partidos de izquierda en los tres países conquistaron mayoría bajo las reglas del enemigo y a pesar de los rastros de la CIA esparcidos por todos lados. Esa conquista del poder fue construida por la previa organización política y partidaria de la clase trabajadora y no al contrario. Todo eso ocurrió al mismo tiempo en que Lula gobernó el país en sus dos primeros mandatos. Esos tres países, en mi opinión, fueron los gobiernos progresistas más importantes de este siglo. Chávez, Evo y Correa cumplieron sus mandatos con el pueblo en la calle, todo el tiempo, defendiendo los rumbos de la política y sosteniendo cada cambio que nunca fue del agrado ni de las respectivas clases dominantes, ni del imperio siempre al acecho. Ni Lula, ni Kirchner, en Argentina, ni Tabaré Vázquez, en Uruguay, en esa época convocaron constituyentes, aunque hicieron buenos gobiernos, enfrentando crisis y creando alternativas. Prefirieron reformas puntuales, pero hicieron buenos gobiernos. Los Kirchner enfrentaron y detuvieron los fondos buitre del mercado financiero estadounidense. La primera obra de Lula, desastrosamente, fue una reforma previsional que, como todas, solo jodió a los trabajadores. No mejoró el cálculo ridículo de las jubilaciones, aumentó el tiempo de servicio y le dio un regalo a los bancos con la creación del tragamonedas multimillonario de los fondos de pensión para empleados públicos. Algún día llega la cuenta de mierdas como esa.

Profecías obvias y las enseñanzas olvidadas de Sun Tzu

Volviendo a las profecías, si Lula es electo, después del juicio político a ministros del STF, el choque será el cobro por las designaciones de los sustitutos, que serán todas rechazadas. Ese impasse será la chispa para el juicio político de Lula y Alckmin por falta de condiciones para gobernar o cualquier otro motivo que los medios normalizarán. Quedarán inelegibles y llamarán a nuevas elecciones con Flávio como favorito porque no tenemos un nombre. Eso si no completan el golpe inventando una manera de nombrar a Flávio o Jair sin elección. Todo se puede esperar de ellos y, mientras el país se distrae con esas maniobras que dominarán los noticieros por meses, irán entregando todo al imperio. Alcántara, bases militares, Amazonía, tierras raras. Todo lo que pida Trump, siempre con jugosas coimas. Si Bolsonaro gana, el guion será el mismo, sin la necesidad de juicio político al presidente, aunque un proceso como ese sea una distracción perfecta para las tenebrosas transacciones que vendrán. Muchachos, ese es el mejor de los mundos, en caso de que la horda bárbara en el Congreso resuelva actuar de forma republicana. Pero desconfío de que van a arrollar, simplemente porque pueden hacerlo y esa derecha en el poder no tiene ningún compromiso con la soberanía ni con el desarrollo. No tiene compromiso con la historia, sino con apropiarse de todo lo que puedan, como saqueadores en un supermercado.

¿Cómo llegamos a esto? Observo que nuestro último gobierno ignoró una enseñanza fundamental de Sun Tzu. El maestro chino de la estrategia, el general filósofo, dice en su famoso El arte de la guerra: el general que conoce su ejército, pero no el del enemigo, por cada victoria sufrirá una derrota. El que conoce el del enemigo, pero no el suyo, tendrá la misma suerte. En cambio, el que conoce su ejército y el del enemigo ganará todas las batallas.

Nuestro gobierno creyó que bastaba con conocer su propio ejército y, aun así, no lo conocía. Pero fue principalmente el desdén por conocer y analizar cuidadosamente al enemigo lo que llevó a esta derrota en 2026. El gobierno se preocupó solo por hacer una campaña de propaganda creyendo que en uno o dos meses, creando algunos hechos políticos capaces de ocupar los noticieros, usando datos y estadísticas para mostrar lo buena que fue su gestión, ganaría la elección. En mi opinión, no le dio la debida importancia al hecho de que EE. UU. intervino en todas las últimas elecciones de América Latina, al punto de elegir presidentes serviles en todos los países de América del Sur, faltando solo Brasil. Venezuela fue atacada militarmente para convertirse en colonia, Paraguay siempre estuvo bajo control y Uruguay seguirá siendo un faro de resistência.

Claro, dirán, pero ¿qué podría haber hecho? ¿Cómo enfrentar al imperio que ya conquistó todos los gobiernos de América del Sur?

Lula es respetado en el mundo, aliado y socio en los BRICS de grandes potencias como China, Rusia e Irán, que son especialistas en enfrentar a las grandes tecnológicas, poseedores de tecnología para eso e interesados en ayudar a Brasil para impedir que se convierta en colonia de EE. UU. Pero eso parece no haber importado. En los cuatro años de gobierno eso no fue una prioridad. Pienso que ni estuvo en la agenda. La derecha bolsonarista dio una paliza en la primera vuelta en asociación comprobada con gobiernos extranjeros como EE. UU. e Israel, que están listos, firmes y operantes, dentro de Brasil, para la segunda vuelta. Las preocupaciones, incluso ahora, después de la derrota, parecen concentrarse en marketing electoral, sustitución de publicista y genéricos “cambios en la comunicación”. ¡Eso a menos de tres semanas de la votación! Podemos lograrlo, pero las dificultades son enormes porque las máquinas silenciosas de los algoritmos del imperio convertidos en arma electoral siguen en pleno funcionamiento.

De aquí en adelante nuestra lucha es anticolonial

Estamos a punto de recomenzar una lucha anticolonial por la independencia de América Latina. ¡De nuevo, casi dos siglos después! En Brasil será la primera vez de verdad. Nuestra independencia no fue fruto de un levantamiento popular contra el colonizador. Fue una farsa para mantener los intereses de Portugal. Nuestro “héroe” de la independencia fue el emperador de la metrópoli que continuó en el mismo trono.

Independientemente del resultado de la segunda vuelta, ya perdimos el poder en Brasil frente al fascismo. No hay acuerdo que permita gobernar el país con este Congreso y la culpa no es del pueblo. Es de la máquina de guerra tecnológica de hipnosis de masas del enemigo de clase que la “izquierda” (entre comillas) insiste en ignorar.

Elegir a Lula ahora en la segunda vuelta sirve para atrasar un poco la colonización de Brasil y dar tiempo para retomar movilizaciones por banderas concretas. La movilización sí es el único camino para dar vuelta el juego en las calles, pues absolutamente nada se puede esperar de este Congreso. Movilización con un propósito, con banderas que reflejen lo que el pueblo realmente busca para sí.

De lo contrario, es hacer la política del sistema que siempre denunciamos, pero que últimamente intentamos complacer con concesiones que terminaron transformándonos ante los ojos del pueblo en harina del mismo costal. La derecha se dio cuenta de que todos intuitivamente están contra “todo esto que está ahí”. ¿Quién no lo está? Yo lo estoy. Los partidos llamados de izquierda dejaron de decir y demostrar que “todo esto que está ahí” es el capitalismo que necesita ser sustituido por otra cosa, tenga el nombre que tenga. En el vacío, la derecha tomó la bandera y se llevó multitudes con ella. El elector que votó por la derecha es un revolucionario en potencia. Quiere cambios porque su vida está hecha mierda y ya experimentó la derecha tradicional y la izquierda domesticada que no resolvieron el problema. Sigue siendo una mierda sin perspectiva, salvo para algunos. Entonces, sea por protesta o por expectativa ingenua, pero real, esas personas van a seguir a quien dice “ser contra todo eso que está ahí”, cosa que ya no hacemos. Es una paradoja: el tipo que es la más pura materialización de “todo esto que está ahí” es elegido para enfrentar todo eso que está ahí.

Las personas quieren cambiar su situación lamentable y quien debía no mostró cuál es el verdadero enemigo

No fueron errores de un mes de campaña los que llevaron a la derrota. Fueron cuatro años de gobierno. El pueblo sigue jodido. Es la realidad del supermercado, de la gasolinera, del alquiler, de las milicias mandando en las favelas. Los repartidores siguen jodidos con o sin la regulación que hizo el gobierno. Ellos no quieren ser repartidores, quieren una alternativa mejor que arriesgarse en una moto sin límite de jornada y ganando una miseria. La familia que deja la mitad de sus ingresos en el alquiler en una favela ni siente la exención del impuesto a la renta. Probablemente nadie allí paga IR porque el empleo que aparece en las estadísticas es informal, no registrado, no existe. Decir que el desempleo disminuyó mientras él sigue repartiendo pizza no representa absolutamente nada para él. Los números de las tablas que muestran un Brasil mejor no significan nada para quien está jodido. Ese Brasil de los indicadores económicos del mercado no es notado por él. Los indicadores muestran que quienes siempre ganan son las empresas, los exportadores, los dueños de los grandes negocios. No son las personas que votaron por Lula para cambiar, para salir del lugar en que estaban en la pirámide social e ir a un lugar mejor. Probablemente ellos ni entienden el significado de “pirámide social”, porque nadie lo explicó.

Pero Lula no tiene culpa, dicen. En primer lugar, no se trata de buscar culpables. Es verdad que Lula no logró hacer más porque el presupuesto fue secuestrado por las enmiendas del bandidaje. ¡La mitad del presupuesto! Sabemos que es verdad, pero el pueblo no entiende por qué su vida no mejoró. Tal vez porque faltó mostrar a las personas jodidas por qué los cambios no ocurrieron. Faltó mostrar en cada momento quiénes son los enemigos dentro del Congreso. Pero, dirán los mismos, si lo mostraba, recibía un juicio político en el acto. Probablemente. Entonces, ¿qué debería haber hecho? En mi opinión podía y debía haber hecho lo que hicieron Chávez, Evo y Correa. Llamar a movilizaciones todo el tiempo contra los enemigos. Funciona. La historia lo prueba. Incluso aquí esta es un arma que funciona. Cuando se llamó a movilizaciones para derrotar la PEC de la impunidad, vencimos. Ahora Inés está muerta. Esta elección está perdida aunque Lula consiga el milagro de vencer. Ya fue derrotado el domingo. Pero vean, podrían insistir algunos, Chávez murió, Maduro fue secuestrado, Evo está prófugo y Correa exiliado. Es verdad. Todos fueron traicionados por los sucesores a sueldo del imperio. Esa es la realidad. Lula también estuvo más de un año preso. Los reveses no pueden dejarnos abatidos y la lucha siempre enseña a luchar. Lo importante fue el legado de organización popular que dejaron, que es la resistencia en Venezuela y Ecuador, y el pueblo organizado que protege a Evo, hoy, en las zonas más apartadas de Bolivia, donde ni el ejército entra.

Para entender lo que está pasando es bueno leer o releer La ideología alemana, del viejo barbudo. La ideología dominante es construida y sostenida por la clase dominante. Una cosa es estar de acuerdo en que los electores bolsonaristas son individualistas y quieren beneficiarse mientras el resto del pueblo se jode. Otra cosa es decir que esas personas son genéticamente malas. La ideología del individualismo no es natural. Mucho se ha escrito sobre eso. Es impuesta por la clase dominante para seguir dominando bajo la reverencia de los dominados. No puedo aceptar que la mitad de mi clase no sirve. En una perspectiva revolucionaria asumo, en nombre de la parte de la clase que escapó de Matrix, la responsabilidad de despertar y liberar a los que todavía están atrapados en ella. Con seguridad, con los ojos abiertos estarán en nuestra trinchera cuando se den cuenta a qué lado pertenecen en esta guerra eterna.

Cuanto antes nos demos cuenta de que recibimos un golpe, más rápido estaremos preparados para dar la respuesta correcta

Los discursos bonitos y las verdades no llegan a la inmensa y mayoritaria burbuja fascista totalmente dominada por las grandes tecnológicas. Sin ver eso no enfrentaremos la raíz del problema, que es la disputa ideológica en la sociedad, pues es a partir de ella que se disputa el poder.

Ahora nuestra tarea es la lucha de resistencia. Perdimos una batalla. Tenemos que prepararnos para la próxima aprendiendo de los errores que nos llevaron a la derrota y tratando de no repetirlos. Y la primera tarea de esa resistencia es elegir a Lula, conscientes de qué esperar de ese gobierno y de que vendrán batallas mucho más duras.

El único compromiso que Lula puede asumir honestamente para ganar a los electores que se quedaron en casa descreídos es resistir la ola de ataques graves contra nuestra soberanía y tiene que explicar bien que eso significa impedir la venta del Banco do Brasil, de Petrobras, de la Caixa Federal y de las universidades públicas federales. Es defender nuestras riquezas minerales impidiendo que se transformen en ganancias para algunos en vez de mejoras para muchos.

Lo que no sirve es prometer cambios y buenas políticas con este Congreso, porque será mentira. Nadie va a creer. Tiene que mostrar que elegir a Lula ahora es para perder menos y salvar algo de civilización mientras nos reorganizamos como sociedad.

Nada de esto es todo y todo esto es fundamental. Hay mucho más para decir y hacer.

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